Noa

Siempre me he preguntado cómo se puede vivir con el dolor y la frustración de perder a un ser querido y que además su cuerpo nunca aparezca. Una herida de ese calibre nunca se cura, sino que simplemente se aprende a vivir, o mejor dicho, a sobrevivir con el dolor que provoca. Sin embargo, pienso que en ese proceso de duelo por el que pasan quienes sufren una pérdida de este tipo, es importante poder materializar esa pérdida con un adiós definitivo que marque un punto y aparte. Un antes y un después en una vida que continúa sin aquellos que ya no están.

Habían pasado ya 10 años desde aquel fatídico día en el que el mar se lo había tragado para siempre sin dejar ni rastro. ¿Suicidio, rapto, muerte natural en extrañas circunstancias, abducción por extraterrestres, fuga efervescente hacia la nada…? Nunca se supo.  

Noa nunca volvería a ser la misma desde entonces. Sin embargo lejos de vivir angustiada y sumida en un dolor que le acompañaría toda su vida, Noa había optado por refugiarse en un mundo imaginario. Un mundo al que huía con su imaginación cada vez que quería escapar de su propia realidad. A menudo imaginaba que cautivo de una gran depresión, habría dispuesto todo de tal forma que pareciera un suicidio, pero que en realidad y con la ayuda de alguien habría escapado a una isla desierta y lejana en la que sobreviviría al más puro estilo reality show Supervivientes. Se creía tanto sus historias imaginarias, que a veces le escribía cartas, las metía en botellas y a escondidas las tiraba al mar, imaginando que quizá un día llegarían a manos de ese náufrago imaginario en esa isla desierta. A pesar de lo que pueda parecer, Noa no estaba loca ni sufría ningún trastorno de personalidad ni de identidad. Era una chica normal, de hecho nadie de su entorno sabía de su mundo ni de sus andanzas imaginarias. Sin embargo, nunca ocultó el pensamiento firme en el que siempre había creído: nunca lo daría por muerto mientras no apareciera su cuerpo.

Siempre había convivido con total normalidad entre sus dos universos, el real y el imaginario, hasta que un día un sueño demasiado real para ser un sueño, pero demasiado confuso al mismo tiempo para ser real, hicieron temblar el equilibrio que desde siempre había reinado entre sus dos mundos. Un sueño que ni ella misma podía describir. Un sueño en el que, al más puro estilo de Patrick Swayze en Ghost, Noa se encontraba con un ángel que le invitaba a tomar café en una playa desierta. Un ángel vestido con vaqueros, zapatillas converse blancas y camisa de lino gris. Un ángel cuyas palabras parecían querer transmitir un mensaje que no se correspondía con aquel que le trasladaba esa mirada que tan familiar le resultaba. Un café lleno de magia. Una magia un tanto extraña, confusa y surrealista. Una magia que, para bien o para mal, turbaría para siempre la armonía entre su realidad y su mundo imaginario.

noa

Aturdida y algo nerviosa, Noa salió a dar un paseo para despejarse la cabeza, pero necesitaba contárselo a alguien. Llamó a dos de sus mejores amigas y con voz entrecortada y ronca les dijo que necesitaba verlas, que tenía algo importante que decirles. Éstas, preocupadas por su tono de voz y sin dudarlo un segundo, acudieron inmediatamente a su encuentro. “Noa, ¿dónde te habías metido? Llevas dos días sin dar señales de vida. ¿Estás bien? – Con lágrimas en los ojos Noa contestó “Vais a pensar que estoy loca pero me he enamorado de un ángel”

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